En un cuarto de hora de conversación noctuna, Johan Bruyneel, director del Astana, supo todo lo que quería: «Armstrong quiere volver porque le motiva que todo el mundo lo vea como un desafío imposible. Y, sobre todo, porque quiere ampliar su campaña contra el cáncer a todo el mundo».
El ex ciclista le dijo que está dispuesto a correr «gratis». Y Bruyneel le abrió la puerta del Astana: «Con las cosas que hemos vivido juntos, no puedo permitir que vaya a otro conjunto». Eso sí, el líder sería Contador: «Alberto ya ha demostrado que es el mejor del mundo. Lance retorna y tiene que demostrar quién es ahora». No lo duda: «Estoy seguro de que Armstrong trabajaría para Contador en el Tour. Es buen compañero».
El regreso de Armstrong, confirmado ya por el propio corredor, apagó la Vuelta. Es su efecto. Laminador. En la salida de Calahorra rebotaban las frases del americano: «Cuando volví en 1998 (tras superar el cáncer) había un gran factor de revancha, y también hay un poco de eso ahora», desveló. Le escuece la duda que difundió el diario «L´Equipe» en 2005, justo tras su retirada. Unas muestras de orina congeladas en 1999, en el primer Tour del americano, desvelaron seis años después la presencia de EPO. En 1999 la eritropoietina era indetectable. Luego no. Armstrong siempre negó haber recurrido a fármacos prohibidos. Lo juró. «No hay milagros», dijo en los Campos Elíseos. Sólo trabajo y voluntad, defendió.
«Se cree que esta generación, la de hoy, es la más limpia en décadas, si no de siempre, y que la generación en la que yo corría era sucia. Y, para ser honesto, la gente que quedó por detrás de mí ha desaparecido, les han «cogido», suspendido... Por eso entiendo que la afición diga: «¿Por qué les pillaron a todos y a ti no?». Así que ahora no habrá posibilidad de engañar», aseguró Armstrong. Eso le ha pedido ya el Tour.
La carrera gala no le ha dado la bienvenida, pero tampoco le ha descartado. «Podrá venir si él y su equipo se somete al plan de control antidopaje, que ahora es mucho más estricto», anunció el director de la Grande Boucle, Christian Prudhomme. Aunque también recordó las «sospechas que han acompañado sus triunfos desde 1999». Y que con 37 años será todo un «desafío» similar al de Poulidor (segundo en el Tour´74 con 38 años y tercero en el de 1976, ya con 40).
«No sé por qué el Tour va a tener una reacción extraña», se cuestionaba ayer Bruyneel. «El regreso de Lance es bueno para el ciclismo, sobre todo para el Tour». Y rescató como argumento la edad de varios campeones olímpicos, como Llaneras (39 años), Curuchet (43) o Dana Torres (41). «Lance es una incógnita. Pero sé que está motivado. Si no, no hubiera anunciado su vuelta». Le espera. Seguirán pedaleando juntos. Aunque aún falta la respuesta de Kazajistán, el país patrocinador del equipo Astana. En Estados Unidos también se habla de la creación de una nueva escuadra, alrededor de Armstrong. El 24 de septiembre, el estadounidense contará en Nueva York su plan. Su calendario. El color de su maillot. Y su asalto al octavo Tour. El nuevo Armstrong vuelve para reconsquistar Francia, un país hostil para él.
«No necesito el dinero», repite. Es otra cosa. La difusión de la lucha contra el cáncer: «Tengo una gran fobia al fracaso. No me gusta perder a nada», sentencia. Tendrá que explicárselo a Contador. Bruyneel cree que no habrá cisma: «Lance ha sido un ídolo para Alberto. Su libro autobiográfico le ayudó cuando le operaron del cavernoma. Y Lance es un «fan» de Contador. Él quiso ficharlo para el Discovery». Pero eso fue antes. En 2009 pueden coincidir en el Tour. Chispas.